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La emoción de un pez al final del sedal, esa cosa que chisporrotea desde el agua oscura hasta la médula espinal, es un vestigio de una alegría arquetípica que tiene que ver con el sustento, material y espiritual.
La emoción de un pez al final del sedal, esa cosa que chisporrotea desde el agua oscura hasta la médula espinal, es un vestigio de una alegría arquetípica que tiene que ver con el sustento, material y espiritual.