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La quietud da poder. Ser capaz de desprenderse de todos los estimulantes externos (redes sociales, compromisos sociales, televisión, alcohol, comida, etc.) y enfrentarse a nuestro propio silencio es un lujo enorme que no debe darse por sentado. - y enfrentarnos a nuestro propio silencio es un lujo enorme que no debemos dar por sentado. Los momentos más gratificantes de mi vida han surgido de esa quietud.