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Ahora bien, puesto que el hombre tiende naturalmente a evitar el dolor -y puesto que el trabajo es dolor en sí mismo- se deduce que los hombres recurrirán al saqueo siempre que el saqueo sea más fácil que el trabajo. La historia lo demuestra claramente. Y en estas condiciones, ni la religión ni la moral pueden detenerlo. Entonces, ¿cuándo cesa el saqueo? Se detiene cuando se vuelve más doloroso y más peligroso que el trabajo. Es evidente, entonces, que el propósito apropiado de la ley es usar el poder de su fuerza colectiva para detener esta tendencia fatal a saquear en lugar de trabajar. Todas las medidas de la ley deben proteger la propiedad y castigar el saqueo.