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Hay pocas cosas a las que renunciemos tan a regañadientes, incluso a una edad avanzada, como a la suposición de que aún tenemos el poder de congraciarnos con el bello sexo.
Hay pocas cosas a las que renunciemos tan a regañadientes, incluso a una edad avanzada, como a la suposición de que aún tenemos el poder de congraciarnos con el bello sexo.