-
Cada golpe que da un tenista es diferente y, sin embargo, percibimos que juega de una manera distintiva y única. Es lo que Heidegger llamó un cierto "cómo" de existir. En última instancia, siempre es singular, y la doble tarea de (a) tenerlo a la vista y (b) comunicarlo a los demás estará inevitablemente marcada más a menudo por el fracaso que por el éxito.