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El director del instituto en el que trabajaba se disculpó por la visita del Banco Mundial de estos jóvenes y entusiastas investigadores porque temía que el instituto perdiera las consultorías del Banco Mundial. Volví a casa y creé la Fundación de Investigación para la Ciencia, la Tecnología y la Ecología, un nombre muy elaborado para el pequeño instituto que creé en el establo de las vacas de mi madre. Mis padres me entregaron los recursos familiares y me dijeron: "Dedícalos a fines públicos". Así sobreviví.