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Enseñando en Providence y Oakland, me di cuenta de que lo primero es que no bastaba con llegar y dar por sentado que tenía lo que mis alumnos necesitaban en cuanto a conocimientos y habilidades. También tenía que demostrarles que era su aliado. Tenía que demostrarles que me preocupaba por ellos, que quería relacionarme con ellos y que, fundamentalmente, estaba de su parte.