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Cuando llegué a Inglaterra en el 86, mi primera semana de colegio fue terrible porque levantaba la mano para responder a las cosas y nadie me elegía porque no sabían decir mi nombre.
Cuando llegué a Inglaterra en el 86, mi primera semana de colegio fue terrible porque levantaba la mano para responder a las cosas y nadie me elegía porque no sabían decir mi nombre.