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Cuando un escultor crea una escultura, un escritor escribe una novela o un pintor plasma un motivo en un lienzo, necesita talento y pericia. Pero para tener éxito en su empeño, también necesita tener el sentimiento apasionado de querer, a toda costa, crear una obra de arte que, en su cabeza, exige constantemente ser realizada. Lo mismo puede decirse del desarrollo de juegos de mesa o de cartas.