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  • Encontré a un tipo en el Bronx que tenía un viejo bajo Kay de madera contrachapada por el que quería 75 dólares. Me lo guardaba y yo le daba unos dólares cada vez que podía reunir algo de dinero extra. Mientras tanto, pedía prestados o alquilaba bajos para jam sessions y trabajos remunerados. Fue una gran emoción cuando por fin me hice con mi Kay.