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Hay fuerzas más poderosas y omnipresentes que el aparato de la guerra. Puedes encadenar a un hombre, pero no puedes encadenar su mente. Puedes esclavizarlo, pero no conquistarás su espíritu. En cada década transcurrida desde la guerra, se ha recordado a los dirigentes soviéticos que su despiadada ideología sólo sobrevive porque se mantiene por la fuerza. Pero llegará el día en que la ira y la frustración del pueblo sean tan grandes que la fuerza no pueda contenerlas. Entonces el edificio se resquebrajará; la argamasa se desmoronará; un día, la libertad amanecerá al otro lado del muro.