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Porque dejamos que nuestros jóvenes salgan desarmados en una época en que la armadura nunca fue tan necesaria. Al enseñarles a leer, los hemos dejado a merced de la palabra impresa. Con la invención del cine y la radio, nos hemos asegurado de que ninguna aversión a la lectura les proteja de la incesante batería de palabras, palabras, palabras. No saben lo que significan las palabras, no saben cómo protegerse de ellas, cómo mitigar su filo o cómo rechazarlas; son presa de las palabras en sus emociones en lugar de ser dueños de ellas en sus intelectos.