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Hijos míos, hacedme caso. Os lo ruego. Sabedlo. Dios ama tanto mi alma, que su vida y su ser dependen de que me ame, quiera o no quiera. Dejar de amarme sería robarle su divinidad, porque Dios es amor tanto como es verdad; como es bueno, también es amor. Es la verdad absoluta, como Dios vive... Si alguien me preguntara qué es Dios, yo respondería: Dios es amor, y es tan bello que todas las criaturas de común acuerdo intentan amar su belleza, ya sea a sabiendas o sin saberlo, con alegría o con dolor.