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No debemos desechar las riquezas que pueden beneficiar a nuestro prójimo. Los bienes fueron hechos para ser poseídos; los bienes se llaman bienes porque hacen bien, y han sido proporcionados por Dios para el bien de los hombres: están a la mano y sirven de material, de instrumentos para un buen uso en la mano de quien sabe usarlos.