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Usted sabe mejor que yo que en una República el talento es siempre sospechoso. Un hombre alcanza una posición elevada sólo cuando su mediocridad le impide ser una amenaza para los demás. Por eso, en una democracia nunca gobiernan los más competentes, sino aquellos cuya insignificancia no pone en peligro la autoestima de los demás.