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Mi última tendencia es desplomarme sobre las once y, con las lágrimas brotando de mis ojos o la ginebra subiendo a su nivel y derramándose, decir a los amigos o conocidos interesados que no tengo un amigo en el mundo y que tampoco me importa nadie.
Mi última tendencia es desplomarme sobre las once y, con las lágrimas brotando de mis ojos o la ginebra subiendo a su nivel y derramándose, decir a los amigos o conocidos interesados que no tengo un amigo en el mundo y que tampoco me importa nadie.