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  • La magia en ese país era tan espesa y tenaz que se asentaba sobre la tierra como polvo de tiza y sobre los suelos y estanterías como polvo de yeso ligeramente pegajoso. (Si vivías en ese país, tenías que desincrustar tu tetera de su incrustación de magia al menos una vez a la semana, porque si no lo hacías, podías encontrarte vertiendo serpientes siseantes o baba de estanque en tu tetera en lugar de agua.

    Robin Mckinley (2002). “Spindle's End”, p.11, Penguin