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Cuanto más avanzas en la escritura más solo estás. La mayoría de tus mejores y más viejos amigos mueren. Otros se marchan. No los ves más que en contadas ocasiones, pero escribes y mantienes con ellos el mismo contacto que si hubierais estado juntos en el café en los viejos tiempos. Se intercambian cartas cómicas, a veces alegremente obscenas e irresponsables, y es casi tan bueno como hablar. Pero estás más solo porque así es como debes trabajar y el tiempo para trabajar es cada vez más corto y si lo desperdicias sientes que has cometido un pecado para el que no hay perdón.