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Uno debe tratar su destino como trata su salud: disfrutarlo cuando es bueno, ser paciente con él cuando es malo y nunca intentar ninguna cura drástica salvo como último recurso.
Uno debe tratar su destino como trata su salud: disfrutarlo cuando es bueno, ser paciente con él cuando es malo y nunca intentar ninguna cura drástica salvo como último recurso.