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La disciplina, tal como la entiende un guerrero, es creativa, abierta y produce libertad. Es la capacidad de enfrentarse a lo desconocido, transformando el sentimiento de saber en reverente asombro; de considerar cosas que exceden el alcance de nuestros hábitos, y atreverse a afrontar la única guerra que merece la pena: La batalla por la conciencia.