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Todo líder debe tener la humildad suficiente para aceptar, públicamente, la responsabilidad de los errores de los subordinados que él mismo ha seleccionado y, del mismo modo, para reconocerles, públicamente, el mérito de sus triunfos.
Todo líder debe tener la humildad suficiente para aceptar, públicamente, la responsabilidad de los errores de los subordinados que él mismo ha seleccionado y, del mismo modo, para reconocerles, públicamente, el mérito de sus triunfos.