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De una cosa podemos estar seguros: nuestro propio futuro es inseparable de la comunidad más amplia que nos trajo a la existencia y que nos sostiene en cada expresión de nuestra calidad de vida humana, en nuestras sensibilidades estéticas y emocionales, nuestras percepciones intelectuales, nuestro sentido de lo divino, así como en nuestro alimento físico y nuestra curación corporal.