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Desde que empecé a trabajar con juguetes, me ha intrigado la idea de que estos objetos aparentemente benignos pudieran adquirir un poder y una personalidad tan increíbles simplemente por la forma en que se fotografiaban. Empecé a darme cuenta de que seleccionando cuidadosamente la profundidad de campo y haciéndola estrecha, podía crear una sensación de movimiento y realidad que de hecho no existía