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A los perros no sólo les gustamos, sino que nos quieren y nos admiran. La gran razón por la que nos admiran es que inventamos los coches. Son como, "¡Sí, tenemos que ir a alguna parte!" Ir a algún lugar más rápido, con la cabeza fuera de la ventana, y sus oídos, como, "¡Sí! ¡Sí!"