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No quería ser un músico secundario. Mi propio estilo estaba saliendo a la luz y me gustaba componer. Escribí un álbum entero, lo arreglé todo con lápiz y papel. Con el tiempo trabajé mucho con mi padre, pero era diferente. Vivía en casa, no era un músico muerto de hambre. No estaba mimado, pero no iba a venir un productor a decirme lo que tenía que tocar.