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Cuando te pongas a componer, puede ser necesario, para tu comodidad y mejor destilación del ingenio, que te pongas tus peores ropas, y cuanto peores, mejor; porque un autor, como un cojo, rendirá mejor por tener un harapo a su alrededor: además de eso, he observado a un jardinero cortar la corteza exterior de un árbol (que es el surtout de él) para que aguante bien; y esta es una cuenta natural de la pobreza habitual de los poetas, y es un argumento por el que los ingenios, de todos los hombres vivos, deben estar mal vestidos.