Autores:
  • Oh Dios, confieso que no soy digna de mecer a ese pequeño bebé ni de lavar sus pañales, ni de que se me confíe el cuidado de un niño y de su madre. ¿Cómo es que sin mérito alguno he llegado a esta distinción de estar seguro de servir a tu criatura y a tu preciosísima voluntad? Oh, con cuánto gusto lo haré. Aunque el deber sea aún más insignificante y despreciado, ni la helada ni el calor, ni la monotonía ni el trabajo me afligirán, porque estoy seguro de que así es agradable a tus ojos.