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Históricamente, la afirmación de consenso ha sido el primer refugio de los sinvergüenzas; es una forma de evitar el debate afirmando que el asunto ya está resuelto. Cada vez que oigas que el consenso de los científicos está de acuerdo en algo, echa mano de la cartera, porque te están tomando el pelo. Los grandes científicos de la historia lo son precisamente porque rompieron con el consenso.