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Es obvio que Pablo no consideraba la oración como algo suplementario, sino como algo fundamental, no como algo que añadir a su obra, sino como la matriz misma de la que nacía su obra. Era un hombre de acción porque era un hombre de oración. Probablemente fue su oración, incluso más que su predicación, lo que produjo el tipo de líderes que encontramos en sus cartas.