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Y la baya de Mocha, de Arabia pura, En pequeñas tazas de porcelana fina, llegó al fin. Tazas de oro de filigrana, hechas para asegurar la mano de la quema, debajo de ellos lugar. Clavos, canela y azafrán, también, se hirvieron con el café, que, creo, echaron a perder.