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Los verdaderos límites y limitaciones, por los cuales el conocimiento humano está confinado y circunscrito,... son tres: el primero, que no pongamos nuestra felicidad en el conocimiento, de tal manera que olvidemos nuestra mortalidad: el segundo, que hagamos uso de nuestro conocimiento, para darnos reposo y satisfacción, y no angustia o repugnancia: el tercero, que no presumamos por la contemplación de la Naturaleza alcanzar los misterios de Dios.