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  • Los poetas están inmersos en el proceso, y me refiero al proceso no como un borrón amorfo, sino como una disciplina. El duro trabajo de escribir me ha enseñado que en asuntos del corazón, como la escritura, o la fe, no hay una forma correcta o incorrecta de hacerlo, sino sólo el camino de tu vida. Con sólo prestar atención aprenderás lo que da fruto y lo que no. Pero será necesario repasar, garabatear, tachar, borrar, incluso desordenar las cosas, para que salgan bien.