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En mi vida había llegado a darme cuenta de que cuando las cosas iban muy bien de hecho era justo el momento de anticipar los problemas. Y, a la inversa, aprendí por grata experiencia que en la crisis más desesperada, cuando todo parecía agrio más allá de las palabras, alguna deliciosa "ruptura" era propensa a acechar a la vuelta de la esquina.