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En manos de los hijos [de Dios], es alimento para el hambriento, bebida para el sediento, vestido para el desnudo. da al viajero y al forastero donde reclinar la cabeza. Con ella podemos suplir el lugar de un esposo a la viuda, y de un padre al huérfano. Podemos ser una defensa para los oprimidos, un medio de salud para los enfermos, de alivio para los que sufren. Puede ser como ojos para los ciegos, como pies para los cojos: ¡sí, un levantador de las puertas de la muerte!