-
No hubo un último animal al que traté. Cuando los jóvenes granjeros empezaron a ayudarme a cruzar la puerta de un campo o una pocilga para asegurarse de que el viejo no se caía, empecé a plantearme la posibilidad de retirarme.
No hubo un último animal al que traté. Cuando los jóvenes granjeros empezaron a ayudarme a cruzar la puerta de un campo o una pocilga para asegurarse de que el viejo no se caía, empecé a plantearme la posibilidad de retirarme.