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Los problemas de ajedrez exigen del compositor las mismas virtudes que caracterizan todo arte que se precie: originalidad, invención, concisión, armonía, complejidad y espléndida insinceridad...
Los problemas de ajedrez exigen del compositor las mismas virtudes que caracterizan todo arte que se precie: originalidad, invención, concisión, armonía, complejidad y espléndida insinceridad...