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  • El jardín reconcilia el arte humano y la naturaleza salvaje, el trabajo duro y el placer profundo, la práctica espiritual y el mundo material. Es un lugar mágico porque no está dividido. Las muchas divisiones y polarizaciones que aterrorizan a un mundo desencantado encuentran un acuerdo pacífico entre paredes de roca musgosa, caminos de piedra tosca y arbustos recortados. Puede que un jardín a veces parezca frágil, a pesar de su tierra y su trabajo, porque consigue un equilibrio extraordinariamente delicado entre naturaleza y vida humana, naturalidad y artificialidad. Tiene su propia liminalidad, su punto de equilibrio entre grandes extremos.