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Consideremos ahora la idea de Dios desde el punto de vista mágico, según los cuatro elementos, el llamado tetragrammaton, lo indecible, lo supremo: el principio ígneo implica la omnipotencia y la omnipotencia, el principio aéreo posee la sabiduría, la pureza y la claridad, de cuyo aspecto procede la licitud universal. El amor y la vida eterna se atribuyen al principio acuoso, y la omnipresencia, la inmortalidad y, por consiguiente, la eternidad pertenecen al principio terrestre. Estos cuatro aspectos juntos representan la Divinidad suprema.