-
Recuerdo que vendí mi primer relato corto y pensé: ¡Dios mío, he vendido algo por cincuenta dólares! Eso me da autoridad para decir que soy escritor y para escribir más cosas. Legitimaba la actividad.
Recuerdo que vendí mi primer relato corto y pensé: ¡Dios mío, he vendido algo por cincuenta dólares! Eso me da autoridad para decir que soy escritor y para escribir más cosas. Legitimaba la actividad.