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Más allá de los efectos formativos de la lectura en los individuos que componen la sociedad, el hecho de haber leído los mismos libros les proporciona experiencias e ideas en común. Éstas constituyen una especie de taquigrafía de ideas que ayuda a que la comunicación sea más rápida y eficaz. A eso nos referimos cuando decimos en sentido figurado de otra persona: Hablamos el mismo idioma.