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Sin duda, el pueblo cristiano debería haber estado a la vanguardia del movimiento por la responsabilidad medioambiental, debido a nuestras doctrinas sobre la creación y la administración. ¿Hizo Dios el mundo? ¿Lo sostiene? ¿Ha confiado sus recursos a nuestro cuidado? Su preocupación personal por su propia creación debería bastar para inspirarnos la misma preocupación.