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La historia del hombre está entretejida con los cursos de agua, pues no sólo vivió junto a ellos, sino que los utilizó como autopistas para la caza, la exploración y el comercio. El agua aseguraba su bienestar, su ausencia significaba migración o muerte, su constancia alimentaba su espíritu. Una montaña, un desierto o un gran bosque podían satisfacer su necesidad de fuerza, pero el agua reflejaba sus necesidades interiores.