-
No son inmaduros como las crías de la mayoría de las aves, sino más perfectamente desarrollados y precoces incluso que los pollos. La expresión sorprendentemente adulta y a la vez inocente de sus ojos abiertos y serenos es muy memorable. Toda la inteligencia parece reflejarse en ellos. Sugieren no sólo la pureza de la infancia, sino una sabiduría aclarada por la experiencia. Un ojo así no nació cuando lo hizo el pájaro, sino que es coetáneo del cielo que refleja. En el bosque no hay otra joya semejante.