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Cada hombre es responsable de defender a cada mujer y a cada niño. Cuando el varón deja de asumir este papel, cuando deja de tener el valor o de sentir la responsabilidad moral, entonces esa sociedad deja de ser una sociedad en la que se estiman el honor y la virtud. Las leyes y el gobierno no pueden sustituir este cuidado y compromiso personal. En ausencia del Guerrero protector, la única forma en que un gobierno puede proteger a una sociedad es eliminando la libertad de las personas. Y los hijos e hijas de los leones se convierten en ovejas.