-
Oh tú que habitas en mi pecho, no dejes la mansión tanto tiempo sin dueño; ¡no sea que, volviéndose ruinoso, el edificio caiga y no deje memoria de lo que fue!
Oh tú que habitas en mi pecho, no dejes la mansión tanto tiempo sin dueño; ¡no sea que, volviéndose ruinoso, el edificio caiga y no deje memoria de lo que fue!