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Ante nuestros ojos se están desmantelando no sólo los programas individuales que los políticos consideran demasiado caros, sino toda la idea de que la sociedad tiene un interés en el bienestar de los niños de la manzana de al lado y en la seguridad de las familias de la otra punta de la ciudad. Que los niños coman bien, reciban cuidados y tengan un techo no es sólo consecuencia del comportamiento de sus padres. También es una responsabilidad de la sociedad, pero ahora parece que cada vez menor.