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No perdonamos del todo a quien nos da. La mano que nos da de comer corre cierto peligro de ser mordida. Podemos recibir cualquier cosa del amor, que es una forma de recibirlo de nosotros mismos; pero no de quien presume de otorgar. A veces odiamos la carne que comemos, porque parece que hay algo de dependencia degradante en vivirla.