Autores:
  • Nuestro pasado no se puede cambiar, y preocuparnos por él es ineficaz en tiempo y esfuerzo. Del mismo modo, preocuparnos por el futuro nos agota y nos hace menos capaces de responder con eficacia cuando el futuro se nos echa encima. Preocuparnos por un percance que puede ocurrir o no, nos obliga a sufrirlo dos veces: una al imaginarlo y otra cuando realmente lo experimentamos.