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Ay, ¿cómo pueden las pobres almas vivir en Concordia cuando ustedes los predicadores siembran entre ellas en sus sermones el debate y la discordia? Buscan vuestra luz y les traéis tinieblas. Enmendad estos crímenes, os exhorto, y exponed verdaderamente la palabra de Dios, tanto predicando con verdad como dando buen ejemplo, o de lo contrario, yo, a quien Dios ha nombrado su vicario y alto ministro aquí, veré extinguir estas divisiones y corregir estas enormidades...