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Una tarde de finales de octubre de 1697, Euclide Auclair, el boticario filósofo de Quebec, estaba en la cima del Cabo Diamante contemplando el ancho y vacío río a sus pies.
Una tarde de finales de octubre de 1697, Euclide Auclair, el boticario filósofo de Quebec, estaba en la cima del Cabo Diamante contemplando el ancho y vacío río a sus pies.